Cuando la comunidad lectora es unánime en opiniones sobre ciertas novelas comienza ese gusanillo por contrastar el dato. Y aunque Lo que esconden las olas se me quedó atrás, la publicación de Ponte en mi piel me trajo el recuerdo de una autora. Su encuadre en el género histórico del que tanto suelo disfrutar y la posibilidad de conocer esa base real sobre la que se asentaba la archiconocida historia de La bella y la bestia me llevaron de cabeza a por ella. Decir que me ha gustado es decir poco.

Francia. Año 1547. Cuando a sus diez años Pedro llega a la corte de Valois sabe muy bien lo que es sentir el rechazo de todos, incluso de los suyos. Este niño, nacido en la isla de Tenerife, fruto de la relación ilegítima de un líder tribal guanche y aquejado por el síndrome de Ambras, una afección que provoca que la mayor parte del cuerpo esté cubierta de un espeso y largo vello y que confiere a los afectados el aspecto de una bestia, despierta desde el primer momento la simpatía de Enrique II, duque de Orleans quien, después de recibirlo como un presente exótico, decide acogerlo y educarlo junto a sus hijos en la corte. En Diana, la hija bastarda del monarca encontrará su amiga más fiel y entre ellos se forjarán unos estrechos lazos.

Petrus Gonsalvus será el eje de una novela que abarca un marco temporal de unos treinta años y se divide en cuatro grandes bloques: Guancancha, Barbet, Pedro o Petrus. Cuatro denominaciones para un mismo hombre que representan diferentes etapas en la vida de esta singular criatura. Subdividida a su vez en capítulos encabezados con el nombre del narrador, está contada a tres voces, todas ellas en primera persona. Una de ellas, como no podía ser de otra forma será la del propio Petrus. Junto a él dos mujeres relevantes en su vida: Diana y Catherine.

Ponte en mi piel es una novela impresionante en la que, después de lo que se adivina una ingente labor documental, la hábil pluma de Emma Lira demuestra que el rigor histórico no está reñido el desarrollo de una trama apasionante. Y no me entendáis mal porque aunque también habrá pasión en ella no es el tema central. Lo que aquí prima son unos hechos históricos que nos llevarán a conocer la historia de una estirpe marcada por la tragedia. En una época en la que los matrimonios surgían de la alianza entre países, conoceremos también con todo lujo de detalles cómo fue el de Catalina de Médici y Enrique II, duque de Orleans, cómo se desenvolvía la vida en la corte francesa tanto para los adultos como para los más pequeños, cómo fueron educados esos niños desde su más tierna infancia y cómo la las luchas religiosas cambiarían sus vidas. Habrá amor, celos, envidias, traiciones y, a pesar de que las normas de la época se empeñaban en restarles protagonismo, mujeres que despuntaron por su astucia e inteligencia y a las que el destino les tenía reservado un papel esencial.

Es esta una de esas novelas con una prosa impecable y por la que, además de este curioso personaje, desfilará un elenco de lujo. A mí muchísimos de ellos me han encogido el corazón. Petrus y Diana son para mí ya personajes inolvidables de los que te conmueven desde las primeras páginas. De él os podría contar tantas cosas…pero a la vez es tan increíble ir descubriéndolo entre las páginas que creo aconsejable ir a ciegas. En ella se darán la mano no solo la numerosa prole fruto del matrimonio entre Enrique II, duque de Orleans, y Catalina de Médici sino que inevitablemente toparemos con la bellísima Diana de Poitiers, una mujer con una vida tan apasionante que es merecedora de una novela en exclusiva. Me ha gustado especialmente conocer de estas dos damas enfrentadas por el amor de un mismo hombre: inteligentes, instruidas y que desempeñaron, cada una de una forma, un papel fundamental en la corte de Valois. Junto a ellos, encontraremos a otros personajes de la talla de Nostradamus.

Ponte en mi piel no podía ser un título más adecuado para esta historia en la que la autora ha sabido mudar la suya para meterse en la de Petrus, Diana…y así, narrarnos los sentimientos de un niño, de una niña, crecer con ellos. En Emma Lira he descubierto a una autora que deja el listón muy alto con una novela histórica impresionante en la que los sentimientos están tan vivos que te salpican: los de los mayores y los de unos niños que sabiéndose diferentes se imantan. Su pluma también lo hace y es uno de esos tesoros que os aconsejo llevaros a casa en cuanto tengáis ocasión.

 

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