— Si os gusta la novela histórica con personajes que realmente existieron, intrigas palaciegas que te dejan sin aliento y un toque de romance que te enternezca, esta es sin duda tu novela.
Hace unos meses encontré por casualidad esta novela, que me atrajo desde el primer momento al tratarse de una historia real, que con toda seguridad inspiró uno de mis cuentos favoritos: La Bella y la Bestia. Como no podía ser de otra forma, me hice con un ejemplar y hoy por fin puedo hablaros de ella en profundidad y traeros mis impresiones tras su lectura.
La novela nos presenta la historia de un joven nacido en medio de una tribu indígena que resistía en los primeros años de colonización española de las Islas Canarias, en pleno siglo XVI. Debido a la inusual capa de pelo que cube su rostro y gran parte de su cuerpo, se le otorga el nombre de origen guache Guancancha, que significa literalmente “Hijo de perro”.
Rechazado y desterrado por sus propios congéneres, termina en una pequeña civilización de antiguos guanches convertidos a la religión y costumbres cristianas. Allí adquirirá algunas nociones de latín y estará a cargo de un sacerdote, hasta que le obliguen a enrolarse en una tripulación de esclavos, que le llevará finalmente a la corte del mismísimo rey de Francia.
Una vez allí, despertará la curiosidad del monarca, que lo acogerá en la corte y le permitirá formarse en distintas asignaturas de humanidades, así como continuar con el aprendizaje del latín, una lengua reservada en aquel momento para la más ilustre nobleza o la iglesia. ¿Conseguirá sobrevivir en un ambiente cargado de intrigas políticas e inestabilidad religiosa?
Lo cierto es que me cuesta mucho hablar de esta trama sin extenderme, así que poco más añadiré a lo dicho anteriormente. Me ha gustado mucho la labor de documentación de la autora y cómo te hace sumergirte de nuevo en la historia, que, aunque a veces avanza a paso lento, me ha parecido simplemente deliciosa.
Otra cosa a destacar, y que en mi opinión es todo un acierto, es que la novela esté narrada en primera persona y desde el punto de vista de los tres personajes principales, de los que hablaré después. Esta forma de narrar me ha hecho empatizar mucho más con lo que sentían y, literalmente, ha hecho que mi corazón se encogiese en varios momentos, y no solo con el protagonista.
En cuanto a la extensión de los capítulos, debo decir que contaban con la extensión adecuada para dejarte siempre con ganas de más y se agradecía que cada capítulo se intercalase con otro narrado por una voz diferente a la anterior. Como ya he dicho, aunque el ritmo a veces es lento y la extensión de la novela no es precisamente corta, la he devorado en apenas dos días y eso en mi caso significa que la historia realmente me ha atrapado y no he podido dejarla hasta el final.
Con respecto a los personajes, podría destacar a muchos de ellos, pero quiero centrarme especialmente en el triángulo principal, ya que son los que narran la novela. Como no puede ser de otra forma, comienzo con nuestro extraordinario protagonista, ya no solo por la singular enfermedad que padece, sino por la especial belleza de su interior y la inmensidad de su corazón. ¿Qué más puedo decir? Me ha parecido un personaje redondo y la autora ha conseguido que lo admire de principio a fin por su valentía, su afán de supervivencia y su capacidad de perdonar a los demás. Nacido como Guancancha y posteriormente bautizado como Pedro González, llegó a pasar a la historia como Petrus Golsalvus, su nombre latinizado, aunque durante el tiempo que pasó en la corte francesa se lo llegó a conocer como Barbet. Ha sido un personaje con una evolución tremenda y cuya historia en ocasiones me cuesta creer que fuera real, ya que no lo tuvo que tener nada fácil. Aún así, me ha encantado y desde luego me he quedado con ganas de saber mucho más sobre él.
Por otro lado, destaco a dos mujeres que lo acompañan en distintos momentos de su vida y también en la narración de esta historia. La primera es Diana de Castro, hija bastarda del Delfín de Francia que luego reinaría como Enrique II. Criada junto a sus hermanos desde su reconocimiento como hija legítima a los diez años, conoce a Pedro desde la infancia y enseguida se crea entre ellos un fuerte lazo de amistad y confianza. Sin duda es un personaje que me ha fascinado y que me hace feliz que exista realmente en nuestra historia pasada. Una mujer inteligente, fuerte y valiente que supo interceder en momentos de especial tensión e incluso evitar conflictos más graves. La segunda, es Catherine, una dama de la reina que acabaría convirtiéndose contra todo pronóstico en la esposa de Pedro. Admirada en la corte por su belleza, este personaje esconde tras de sí muchísimo más y ha sido delicioso recorrer junto a ella distintos momentos de su vida y enmendar los errores. Como con Pedro, he disfrutado mucho con su evolución y me quedo con ganas de investigar más acerca de su vida.
En definitiva, una historia real sobre un hombre que tuvo que hacerse un hueco en la mismísima corte de Francia a pesar de su aspecto y que logró ganarse el afecto de innumerables personalidades famosas en la historia y el respeto de grandes adversarios. Una novela con un título inmejorable que nos recuerda la importancia de la empatía para entendernos mejor unos a otros y como base para una sociedad más justa. Si os gusta la novela histórica con personajes que realmente existieron, intrigas palaciegas que te dejan sin aliento y un toque de romance que te enternezca, esta es sin duda tu novela.